[useful_banner_manager banners=30 count=1]Tu figura se iba empequeñeciendo. Era el símbolo de tu alejamiento. Los árboles lanzaban sus suspiros de tristeza, las flores adquirían el aire de la laciedad y los pájaros habían enmudecido sus cantos. Y me parecía que los rayos del sol eran como diademas de oro,  que buscaban las cabriolas  de tu cabellera.

Te alejabas y yo permanecía quieto, impasible, con el rostro ensombrecido por el desaliento. Miraba a las nubes para que me tendieran sus brazos y me alzaran para verte, definitivamente. Y comencé a andar hacia la nada, tal vez hacia el ocaso, donde se refugian los corazones desvanecidos.

Seguiré amando a la luz, a las auroras como signo de esperanza. Y si no puedo permanecer en el camino de la luminiscencia, tal vez trepe por las encrestadas sienes de la sierra,  para buscar el abrazo de los fantasmas sangrientos.

Y comencé a andar

Luis Gispert