Hace ya algún tiempo que no te doy a la tecla. Cuestiones que no vienen ahora al caso, me agarrotaban los dedos e impedían que disfrutará de nuevo machacando el teclado y dejando salir todo aquello que no me puedo callar. Qué necesito espolsar.  Airear.  Aventar a los cuatro vientos a modo de letras.  Así que me he puesto de nuevo a ello.

Hay cosas, en este periodo, que he ido dejando en el tintero.  Quizá pronto salgan e impregnen de nuevo estos sufridos folios.  Todo a su tiempo.  No obstante, el hecho de que, además de tener en rojo en el calendario estos días que nos preceden, los inconfundibles sonidos de la música y las sirenas, cruzaron de punta a punta todo el pueblo segorbino y parte de los pueblos vecinos. Es ese sonido inconfundible y añorado que nos anuncia que las atracciones de feria ya están a todo meter.

El hueco de la ausencia que dejó el año pasado, al igual que otras festividades  locales tan queridas y tan arraigadas por culpa de esta trágica e indescriptible época de pandemia, nos privó de disfrutar de una de las ferias más antiguas de la que se tienen registros.    Por ello, esos sonidos inconfundibles que están traspasando el pueblo de lado a lado nos anuncian de nuevo que la feria con sus atracciones y sus clásicas y características paradas ha llegado de nuevo a Segorbe para disfrute y regocijo de todos.

Por lo pronto me he ido de nuevo a releer aquella publicación donde, en ese último año (2019), publiqué aquí en InfoPalancia, un relato titulado «Las arrugas de un feriante»y que hago eco de ese feriante llamado Tano que, desde mi infancia, año tras año y fiel a su cometido, nos ha ido visitando con su infantil atracción haciendo las delicias de los más pequeños y llenándonos en nostalgia y cariño a los que disfrutemos de la misma y ahora ya peinamos canas o nos lavamos más cara que pelo.

JOYERIA ROYO

Su lectura hace, cómo siempre, que me estremezca y que los ojos centelleantes hagan temblar un par de lagrimones que amenazan de un momento a otro caer por este ya arrugado rostro.   No obstante, me recompongo y me doy una vuelta por archivo de fotos pues ya no sé con que acompañar este artículo y, cuál es la sorpresa que me encuentro dos fotografías que bien merecen ser, cómo digo, aireadas.

Las imágenes en cuestión, son de esas que se guardan cómo oro en paño. Un tesoro vamos.  Para enmarcar.  Imágenes que sin duda alguna, más de una generación al verlas se sorprenderá ya que jamás han conocido la ubicación de las atracciones de la feria en la glorieta, ni en la calle Monseor Romualdo Amigó, ni sus paradas por la calle Obispo Canubio ni plaza del Agua Limpia.

Parece que fue ayer, cuando pasábamos las horas sentados en la pista de los coches de choque.  Una pista que la instalaban por estas fechas y no se marchaba hasta bien pasado las fiestas y toros de San Antón.

Al ver esa foto de la pista de los coches de choque, llegan a mi recuerdos imborrables.  Por aquel entonces, a los de mi quinta ya nos salían pelillos en el bigote y algún que otro grano en la cara. En aquella pista de coches instalada en el Botanico Pau, agotábamos nuestras escasas monedas para fichas y fardábamos de saber conducir o de invitar a subir alguna chica. Cuando el bolsillo hacía aguas, las fichas las sustituíamos por tapones de plástico de las botellas de vino de Cariñena y aquellos trastos seguían rodando hasta que te pillaban, claro.  Sí.  Han leído bien, por tapones de plástico de las botellas de vino de Cariñera.  De esas que tenían forma de sombrero cordobés. Y no vean cómo iban.

Aunque los tiempos han cambiado, y el que más o el que menos nos podemos permitir darnos el grato placer de comprar un buen puñado de fichas y deleitarnos dando una y mil vueltas con estos alocados coches de choque, si estos días me ven deambulando por las cercanías de la pista, directamente me pueden preguntar si llevo tapones de vino y de que si les presto alguno.

RODOLFO Y VENTURA
Por aquello de recordar viejos tiempos de temerarios jóvenes clarinetes de perras y con más picardías que el Lazarillo de Tormes.    Puede que lleve los bolsillos llenos y echando un tufo a vino que vaya matando a diestro y siniestro.  Pero pregúnteme, pregúnteme, igual le sorprendo y le entrego unas cuantos  tapones o bien, le invito a un viaje y nos subimos juntos y reímos como posesos.   Otra cuestión será, que con estas modernidades, quizá lo del tapón no dé resultado y montemos un pollo en medio de la pista sin que el coche funcione o se mueva un sólo centímetro y, los otros coches nos den un sobo de mucho cuidado a base de choques y golpes.  Sin contar, por supuesto,  con el tipo que controla la pista y nos saque de un arreón y de malas maneras llamándonos arañas y miserables. A vuestros años…

Así pues, señoras y señores, por fin, de nuevo, con todos ustedes, de nuevo, la feria.  Disfruten lo no disfrutado y recuerden mantener todas la medidas de seguridad habidas y por haber. Hagamos entre todos que jamas nos volvamos a privar de estas y otras tan queridas como estas tan entrañables fiestas.

Felices días de feria segorbinos y visitantes.

Toni Berbís Fenollosa