Las sierras corren sus cortinas, paralizan sus perfumes. Segorbe huele a flores. Hombres, mujeres, niñas y niños, asociaciones, comisiones, representaciones…. Todo el mundo ataviado con los ricos trajes populares, en diversas modalidades, ofrendando a la Virgen  de la Cueva Santa su ramo de flores, su canastilla… Colores y aromas. Escenas sugestivas, riqueza tradicional. Tarde inmóvil, que da paso a ese hondo tajamar  que respalda las emociones. La belleza existe en la ofrenda floral a la excelsa Patrona. Entre todos se hace. Y se crea uno de los actos más bellos y de mayor sentimiento de las fiestas de Segorbe. Los ojos se encienden. El júbilo llega al corazón y se expande por todos los sentidos. Los pasos son un adagio de cada sueño.

-Voy a salir a la ofrenda…!

-Qué bien Pilar, Ana, Carmen, María…

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Ofrenda floral. Foto: J.Plasencia.

El color entusiasma, habla. La danza suave de las faldas policromadas son acuarelas vivas. La tarde segorbina es una fantasía de perfumes y colores. Arrebata tanta magnificencia. Hay gozo en cada mirada. Y la dulzura de las niñas y niños engrandece el numeroso cortejo. El tirón es recuerdo, amor y esperanza.

Las flores son la señera que unge el magno evento. Hay una escalada de sentimientos profunda. Es el jugo que se siente por todo el recorrido. La red del respeto es sustancia que ata. Y entre todos hacemos viva esa estampa para andarla toda, corriente de policromía que une.

-Qué encanto de niños!

Sí, los niños son el epicentro de la atención. Qué bonicos van. Andan con garbo,  sintiéndose los principitos, las princesas  de cada grupo.

En la antigua calle del Mercado, donde dentro de dos días empezará a desfilar la Entrada de Toros y Caballos, la tarde del sábado 5 de septiembre se vestirá de gala…. Cientos de capullos, de flores blancas, azules, de rosas….

Vaya jardín….!!! Caminando, desfilando…. La belleza es ostensible, exponente augusto, así como la ternura, la delicadeza, el lenguaje de los sentidos…

Flores a la Virgen en  su plaza.

El sol a partir de las seis de la tarde se detendrá. E iluminará la plaza de la Cueva Santa. Y lo hará para ver ese otro astro coronado de flores, monumento de rimas primaverales en el reposo de la noche larga, preludio de otro acto ancestral: La divertida Enramada.

…Y hay belleza y oleadas de perfumes

Luis Gispert.